Toda civilización que alcanza cierto grado de desarrollo está inclinada a practicar la educación. Mediante ella, las sociedades toman conciencia de los valores que rigen la existencia humana. Bonita frase. Profunda. Cierta.
El problema es que, en México, esa conciencia se queda en el pizarrón… cuando no se borra antes de terminar la clase.
La educación debería ser el gran igualador social. No un discurso, no una estadística para la mañanera, no un eslogan de campaña.
Educación es destino. Es estructura. Es futuro. Y cuando falla, todo lo demás se cae como dominó mal acomodado. Pieza por pieza.
Veamos los datos, que no mienten ni votan. En Ciudad Juárez, solo el 28% de quienes entran a primaria logran terminar una carrera universitaria. Cuatro puntos por debajo del ya de por sí modesto promedio nacional. Datos del Instituto Mexicano para la Competitividad, IMCO
La primaria presume una eficiencia terminal casi perfecta, arriba del 99%, pero conforme el estudiante avanza, el sistema educativo mexicano empieza a comportarse como colador que se usan en las tarjas en las cocinas.
En secundaria y preparatoria el abandono se dispara. Chihuahua, de acuerdo al INEGI, encabeza la deserción nacional en nivel medio superior, con casi 14%. Y no, no es porque los jóvenes “no quieran estudiar”, como cómodamente se repite desde escritorios con aire acondicionado. Las razones son claras: reprobación, pobreza, desinterés provocado por planes irrelevantes, conflictos familiares y escuelas que quedan más lejos que las oportunidades.
El promedio de escolaridad en Juárez apenas rebasa el primer año de preparatoria. Eso no es un número: es una sentencia social.
Un sistema educativo que pierde estudiantes en cada nivel normaliza la desigualdad. La institucionaliza. La vuelve rutina.
Cuando el Estado no logra retener a sus jóvenes en las aulas, no está ahorrando recursos: está fabricando precariedad, violencia, informalidad y frustración a mediano plazo.
La igualdad no se decreta. No se imprime en libros de texto gratuitos. No se logra con becas que sustituyen el aula, ni con discursos que confunden asistencia social con política educativa.
La igualdad se construye reteniendo, formando y acompañando personas, no solo matriculando estudiantes.
Mientras la educación siga tratándose como gasto y no como inversión estratégica, México seguirá siendo ese país donde todos hablan de igualdad… pero pocos llegan. Ahí está pues, El Meollo del Asunto

Daniel E. Valles
Periodista y comentarista de radio y televisión. "El Meollo del Asunto" y "La Familia es Primero" son sus principales herramientas periodísticas que se publican en medios impresos y digitales en diversas geografías de habla hispana.
Ha sido merecedor de diversos reconocimientos como conferencista y premios de periodismo, entre ellos, la prestigiosa Columna de Plata, que otorga la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez.


