En Juárez no somos ingenuos. Aquí aprendimos hace mucho que cuando el poder se incomoda, suele hablar de persecuciones; y cuando se le exige, responde con discursos. Pero la realidad, terca como el desierto, siempre termina alcanzando a todos.
Hoy la política local vive uno de esos momentos donde ya no basta decir “todo se va a aclarar”. Las observaciones de la Auditoría Superior de la Federación, que señalan presuntas irregularidades millonarias en el manejo de recursos públicos, no son un tema menor ni una anécdota administrativa. Son un llamado directo a la rendición de cuentas. Y en una ciudad como la nuestra, marcada por años de abusos normalizados, ese llamado no puede quedarse en el aire.
La administración municipal encabezada por Cruz Pérez Cuéllar enfrenta hoy el mayor escrutinio que haya vivido un gobierno local reciente. No por capricho, sino porque Juárez es, hoy por hoy, el municipio más auditado del estado. Eso no es casualidad. Es consecuencia.
Lo interesante, y quizá lo más revelador, es que las críticas no vienen solo de la oposición. Vienen desde adentro. Que un senador del mismo movimiento, como Juan Carlos Loera, haga públicos los señalamientos, deja ver que el debate ya no es solo administrativo, sino político. Y más aún: electoral. Morena, como cualquier fuerza con poder, está reacomodándose, midiendo costos, deslindando responsabilidades y marcando territorio rumbo al futuro.
Pero cuidado. Exigir transparencia no es linchamiento político. Y defender una gestión no puede convertirse en descalificar automáticamente toda observación institucional. Aquí lo que toca es simple y complejo a la vez: aclarar, documentar y responder. Con hechos, no con frases.
Al mismo tiempo, Juárez vive una paradoja. Mientras la desconfianza crece en algunos frentes, en otros se abren ventanas de cooperación que hace años parecían imposibles. El proyecto del nuevo Centro de Convenciones, impulsado gracias a la donación de un terreno y a la alineación entre gobierno, iniciativa privada y sociedad civil, demuestra que cuando hay visión y voluntad, sí se pueden construir acuerdos que trasciendan colores partidistas.
Ese contraste es el verdadero dilema juarense hoy. ¿Seguiremos normalizando la opacidad mientras celebramos proyectos aislados? ¿O seremos capaces de exigir integridad con la misma fuerza con la que pedimos desarrollo?
Juárez ya no está para medias tintas. Ni para gobiernos que se defienden solo con discurso, ni para oposiciones que apuestan al desgaste sin propuestas. Esta ciudad merece algo más elemental y más poderoso: gobiernos que rindan cuentas y liderazgos que entiendan que la honestidad no se presume, se demuestra.
Aquí, tarde o temprano, todo sale a la luz. Y quien no lo entienda, simplemente no entiende a Juárez.

Marisela R. Sánchez
Analista política y comunicadora, interesada en los cruces entre el poder, la rendición de cuentas y la ciudadanía en Ciudad Juárez.


