Chihuahua vive una paradoja que ya no admite maquillaje. Mientras a nivel nacional se reporta una reducción sostenida de homicidios, el estado permanece en la zona roja de violencia. Las cifras federales pueden mostrar avances generales, pero aquí la estadística no alcanza a cubrir el dolor cotidiano ni la sensación de impunidad que persiste en amplias regiones del territorio.
Los datos son contundentes: Chihuahua cerró 2025 con 1,791 homicidios dolosos, lo que lo colocó entre los primeros lugares a nivel nacional y representó cerca del 8% del total del país. En términos prácticos, esto significó casi cinco homicidios diarios durante todo el año, una dinámica de violencia constante que no logró ser contenida.
El inicio de 2026 agravó aún más el panorama. En los primeros días del año, reportes periodísticos con base en cifras preliminares colocaron a Chihuahua en el primer lugar nacional por homicidios diarios en varias jornadas. A ello se sumaron casos de alto impacto, como desapariciones y hallazgos de cuerpos con signos de violencia, que reflejan control territorial, crueldad e impunidad.
Incluso la capital del estado, pese a registrar una disminución porcentual de homicidios en 2025, comenzó el año con episodios violentos que resultan inaceptables. Más allá de las variaciones estadísticas, el problema de fondo es que la violencia se ha normalizado en la conversación pública, lo que implica una derrota social y cultural, no solo policial.
Chihuahua necesita orden y transformación. Cuando un estado se desacopla de una tendencia nacional a la baja, el problema deja de ser abstracto y se convierte en una falla de gobierno local: falta de mando, coordinación, depuración institucional e inteligencia efectiva. La seguridad no puede ser propaganda ni trampolín político; es una obligación constitucional y un derecho humano. Dejar de administrar el discurso y empezar a administrar el territorio es una decisión urgente que ya no puede postergarse.

Brenda Ríos
Orgullosa Chihuahuense. Amo y respeto la naturaleza. Soy mamá de Alex Benjamin, Austria Camila y esposa de Alex LeBaron. Mi pasión siempre ha sido el servicio público/civil, me inspira luchar por grandes causas que cambien el mundo. Empresaria agrícola y consultora ambiental.


