Como dijo Lorca: «El que quiere arañar la luna, se arañará el corazón».

 

Ciudad Juárez, Chih . (ADN / Arturo Hernández) – Cecilia Suárez Alcalá, es nacida en esta frontera, y es madre, esposa, hermana, amante de la literatura, poeta, ensayista, Contador Pùblico de profesión y artista plástico por convicción. De espíritu curioso, que siempre busca respuestas y requiere expresión.

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Nació en una familia de artistas, donde ha reinado siempre la música, el canto y la creatividad a lo largo de los años.

“La música siempre estuvo presente mientras crecía, mis hermanos son músicos y, desde niños se dedicaban con amigos a crear canciones; cantaba con ellos desde los 5 años. Por eso fui desarrollando mi sentido musical, mi oído y la sensibilidad para escuchar, percibir, sentir, y vibrar. Con el tiempo esa dinámica de herencia familiar en el conocimiento y aprendizaje de la música fue propiciando un espíritu que intensificó los sentimientos y pasiones, marcando mi personalidad, hasta ahora; pues crecimos con las emociones a flor de piel, siempre exaltados en esa frecuencia vibracional que otorga tocar instrumentos y cantar”, externó.

“Así que mis inicios en el arte fueron cantando, pero, no recuerdo un día en que no haya dibujado a los profesores y compañeros de escuela. Mi madre era una excelente dibujante, apreciaba la elegancia, era amante del color, del equilibrio entre la expresión y la belleza. Hay mucho de ella en mí ”, mencionó sobre sus raíces.

“Desde mis tiempos en preparatoria, recuerdo el gusto por la caligrafía y, las notas escolares personalizadas con colores y creativos códigos personales. La sensación de libertad, se la debo a ese espíritu inquieto, alimentado por la música, por la expresión pictórica y por sus propios cuestionamientos. El lado emocional y artístico, me ha otorgado muchísimas satisfacciones en el autoconocimiento, despertando el interés por las corrientes humanistas, literarias y, el crecimiento espiritual, el constante cambio personal, necesario en la vida , que demanda expresión constante. En mi caso, los sentimientos crean arte, han sido alimentados por las emociones, y las emociones a su vez, han sido exaltadas por el arte mismo. Así, que en mi exploración personal de vida, siempre ha estado la búsqueda de la estética”, agregó.

Es una creyente ferviente de que un solo ser humano, es capaz de diversificarse a sí mismo; pues cada quien, posee múltiples talentos, muchos de los cuales, a veces, ni imaginamos.

Con el paso del tiempo, empezó a escuchar las historias de los demás. “Muchas las he escrito en notas, en cuadernos guardados en el baúl de los recuerdos, otras las he hecho frase o poema; y ahora, las plasmo en pintura. Me considero una mensajera de esos relatos; pues la pintura no es sólo un oficio; la pintura es todo un mensaje de reflexión y de ornamento visual; otra dimensión de una realidad aparte del propio espacio tridimensional. Mi expresión es un código de relatos y narraciones por contar, porque, es el artista un vehículo que narra y pigmenta el momento histórico que le tocó vivir. Para mí, hoy por hoy, no existe diferencia entre las emociones y la vida. Las emociones cubren la vida misma bajo su manto, fundiéndose, operando a la par, produciendo constantes sensaciones que nos hacen vibrar, para bien, o para mal”.

“Podría decir, que el espíritu que domina mis sentimientos es impetuoso, con una pasión por aprovechar cada minuto de vida; apasionado del deber, de las cosas a tiempo pero, permitiendo a veces, toques de locura, risa y travesura; a contratiempo, como en un compás de música porque, ¿Qué sería del arte sin salir de la regla?, ¿sin el toque de emoción personal?”, se auto cuestionó.

“En el arte, como en la vida y en el jazz, se debe siempre improvisar y sincopar. Estoy convencida que las artes desde temprana edad, te despiertan capacidades que te permiten a futuro, estar colocado en una posición perceptiva de la vida. El arte constante como una disciplina, te vuelve consciente de tí mismo, intuitivo , perceptivo, porque la sensibilidad aprovechada, te hace ver las sensaciones de los demás y, a veces, hasta vivirlas con ellos. A mí , estar consciente de todo esto , me ha dado autoconocimiento, empatía, compasión y, la satisfacción de vivir hoy por hoy, cómoda en mi piel, amando mi nombre, mi historia y quién soy, sin importar la opinión de los demás. Para vivir de verdad, hay que experimentar con el latido la intensidad del duende interno que nos mueve”.

Y añadió: como dijo Lorca: ”El que quiere arañar la luna, se arañará el corazón”.

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Redacción ADN / Agencias

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